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Más productividad, menos capacidad: la trampa del alto desempeño

GQI Media | Más productividad, menos capacidad –

Hay personas que cuando el desgaste sube, trabajan más.

Cuando el sistema nervioso percibe amenaza, presión o incertidumbre, la respuesta automática en personas de alto desempeño es hacer más. Más control, más producción, más estructura. El trabajo se convierte en la forma de regularse, de sentir que algo está bajo control cuando otras cosas no lo están.

El problema es que ese mecanismo, a corto plazo, funciona muy bien.  Los resultados se mantienen. Desde afuera, todo parece en orden, pero  desde adentro, la reserva que hace posible todo eso se está vaciando más rápido de lo que se repone.

Investigaciones en neuropsicología documentan un patrón específico en personas de alto rendimiento: el razonamiento y el conocimiento se mantienen intactos,  mientras la memoria de trabajo y la capacidad de atención sostenida se deterioran. Es decir, la persona sigue siendo experta en lo que hace. Sigue produciendo con competencia. Pero el sistema que gestiona atención, planificación y  regulación emocional,  está operando en déficit. El conocimiento enmascara el agotamiento. Y como lo que se ve hacia afuera es competencia, nadie — incluyendo la persona misma — registra la señal.

Eso crea un desfase muy específico: la producción sube justo cuando la capacidad está bajando. Y hay algo más, para muchas personas de alto desempeño, la productividad no es solo una conducta. Es parte de cómo se definen. Cuando esa identidad se siente amenazada — cuando el cuerpo empieza a mandar señales de que algo no está bien — la respuesta no es parar. Es demostrar que sigue estando bien. Y la forma más inmediata de demostrarlo es producir más.

La señal que sí existe, está en el costo. Una cosa es mantener un nivel de desempeño desde un lugar de capacidad real. Otra es mantenerlo con un esfuerzo cada vez más alto para llegar al mismo resultado. El resultado puede ser idéntico. Lo que cambia es cuánto cuesta producirlo.

Eso  lo  siente solo quien lo está viviendo — y muchas veces lo interpreta como falta de disciplina, como un mal momento, como algo que va a pasar cuando las condiciones mejoren.

Una forma concreta de leer esa señal sin salir del ritmo del entorno es al cierre de cada semana, identificar qué tareas — dado el nivel de experiencia que ya se tiene con ellas — duplicaron el esfuerzo, no salieron como antes, o tardaron más de lo que deberían. Cuando eso se repite en dos o tres semanas seguidas con el mismo tipo de tarea, ya no es un mal día. Es un patrón que debe generar alerta.

Rendir bien no es solo llegar al número. Es llegar con la capacidad operativa en equilibrio.

 

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