No necesitas 20 minutos para empezar
GQI Media | No necesitas 20 minutos para empezar
Nos vendieron la idea de que practicar mindfulness implica sentarse en silencio, cerrar los ojos y conseguir que la mente deje de pensar. Y para muchas personas ahí termina el intento: entre el trabajo, los mensajes, las obligaciones y esa lista mental que nunca se acaba, encontrar 20 minutos de calma parece otra tarea imposible. Pero quizá estamos complicando demasiado algo que, en esencia, consiste en una cosa bastante sencilla: prestar atención a lo que estamos viviendo mientras lo estamos viviendo.
Quizás una de las razones por las que el mindfulness ha ganado tanta atención es que no busca eliminar los pensamientos ni convertirnos en personas permanentemente tranquilas. La práctica consiste, más bien, en observar lo que ocurre sin reaccionar automáticamente a cada pensamiento, emoción o estímulo. Esa pequeña pausa entre lo que sucede y nuestra respuesta puede cambiar la manera en que atravesamos un día lleno de decisiones, conversaciones y situaciones inesperadas.
Lo interesante es que puede aparecer en momentos mucho menos solemnes que una sesión de meditación. Comer sin mirar el teléfono. Caminar prestando atención a lo que ocurre alrededor. Escuchar realmente una conversación en lugar de preparar mentalmente la respuesta. Tomarse un café sin convertir esos cinco minutos en una reunión más. Incluso notar que estamos acelerados antes de seguir acelerando. No parece gran cosa, pero en un día lleno de estímulos puede ser una pequeña manera de volver al presente.
No se trata de tener la mente en blanco, sino de estar un poco más presentes en nuestra propia vida. Y quizá empezar no requiera un retiro, una aplicación ni veinte minutos de silencio. A veces puede comenzar con algo mucho más sencillo: dejar de hacer tres cosas al mismo tiempo y estar realmente en una.