GQI | Wellness sin obsesionarse
Durante un tiempo, el wellness parecía tener reglas bastante estrictas: levantarse temprano, meditar, tomar el suplemento de moda, hacer ejercicio, dormir ocho horas, beber suficiente agua y, si era posible, registrar todo en una aplicación. El problema es que una rutina pensada para hacernos sentir mejor puede terminar convirtiéndose en otra cosa que tenemos que cumplir. Y quizá el nuevo wellness vaya justamente en la dirección contraria: menos perfección y más bienestar que realmente pueda caber en nuestra vida.
Los datos más recientes apuntan a que las personas están incorporando el cuidado de la salud a decisiones mucho más cotidianas. El bienestar ya está presente en hábitos relacionados con alimentación, sueño, estrés, actividad física y longevidad. Además, el 80 % utiliza alguna aplicación o dispositivo para realizar al menos una actividad relacionada con su salud y bienestar.
Pero aquí aparece una paradoja interesante: cuanto más herramientas tenemos para medir cómo estamos, más fácil puede ser sentir que siempre deberíamos estar mejorando algo. Dormimos y revisamos el sueño. Caminamos y contamos los pasos. Comemos y miramos los ingredientes. Descansamos y sentimos que deberíamos estar meditando. El wellness puede convertirse en otra forma de exigencia si terminamos tratando cada aspecto de nuestra vida como un indicador que hay que optimizar.
Quizás el verdadero lujo del bienestar sea algo mucho menos espectacular: encontrar hábitos que podamos mantener incluso cuando la vida no está perfectamente organizada. Dormir un poco mejor, movernos más, comer de manera equilibrada, desconectarnos cuando lo necesitamos o simplemente tener tiempo para las personas que nos hacen bien. El mejor wellness quizá sea el que mejora nuestra vida sin ocuparla por completo.
